La quietud, la belleza de la naturaleza, me llevan a menudo a Dios…
Beata Madre Pierina
Nuestra vida se teje en un equilibrio armónico entre oración, formación y vida fraterna, donde también el esparcimiento ocupa un lugar significativo. La alegría compartida, la música, el arte, el contacto con la naturaleza y los espacios de recreación, fortalecen los vínculos y nos ayudan a descubrir nuestros dones de naturaleza, para hacerlos crecer aún más.
Durante la formación, la joven convive con las Hermanas, participa de su vida de oración, del apostolado y de la vida comunitaria, aprendiendo a vivir, poco a poco, en el misterio de la comunidad reunida en el amor y la alegría.
La jornada del Noviciado contempla tiempos para la oración, el estudio, el trabajo, el apostolado, la recreación, el deporte y el descanso. A través de los quehaceres cotidianos, los trabajos manuales, las artesanías o el contacto con la tierra, aprendemos a vivir con alegría lo sencillo, descubriendo que también allí Dios se hace presente y nos regala su paz.





