Toda la vida de María fue una cooperación activa al plan de Dios. Las Hijas de la Inmaculada Concepción, consagradas a Cristo y en Él a toda la Iglesia, nos comprometemos a trabajar según el género de nuestra vocación –tanto con la oración como con la actividad efectiva–, para arraigar y afianzar en los espíritus el Reino de Dios y dilatarlo en todas las partes del mundo.
Siguiendo el ejemplo de María, debemos ser portadoras de Cristo. Su amor materno animará siempre y en todo lugar nuestra misión apostólica.
Nuestra presencia en el mundo
Conocé las obras y comunidades de las Hijas de la Inmaculada Concepción en cada país.