«Oigo en mi corazón: “Buscad mi Rostro”.
Tu Rostro buscaré, Señor, no me ocultes tu rostro».
(Sal  27, 8–9)

A esta invocación del antiguo salmista adhirió de manera admirable la vida de la Beata Maria Pierina De Micheli, de nombre seglar Giuseppina, quien, nacida en Milán el 11 de septiembre 1890 de una familia de clase media popular, última de trece hijos, educada cristianamente, fue llevada a la pila bautismal el mismo día de su nacimiento.Madre Pierina biografía
El acontecimiento más importante de su infancia fue la precoz muerte del padre, que marcó tristemente todo el camino de su maduración. Muy pronto Giuseppina mostró una sagaz inteligencia, pero su salud inestable la condicionó a lo largo de los años. Habiendo finalizado los estudios iniciales cultivó el arte de la costura, sin descuidar adquirir los fundamentos de la erudición cultural, dedicándose, por ejemplo, a tocar el violín, el clavicémbalo y a aprender lenguas extranjeras. Muy solícita para con los bienes espirituales, desde la adolescencia, se ocupó de explicarles el catecismo a los niños en su parroquia, mientras un hermano alcanzaba el presbiterado y dos hermanas se convertían en religiosas; el ejemplo de éstos suscitó la vocación a la vida religiosa en su alma, ya bien dispuesta.

Tras un período de íntima resistencia de su alma a causa del afecto filial hacia su madre, próxima a cumplir 24 años, fue admitida como novicia en el Instituto de las Hijas de la Inmaculada Concepción de Buenos Aires, que recién se habían establecido en Milán, y asumió el nombre de Sor Pierina. Luego obtuvo el título de maestra, aprendió latín y concluyó los estudios de lenguas y de música. Emitió la primera profesión el 23 de mayo de 1915. En 1919, fue enviada a la Casa Madre de la Congregación en la Argentina y en 1921, tras la profesión solemne, regresó a Italia. En su ciudad natal desempeñó el cargo de Maestra de las novicias y de Superiora, hasta que, en el transcurso de 1939, asumió la tarea de ocuparse de la nueva fundación de la Casa en Roma, de la cual fue nombrada Superiora hasta su muerte, y en el año 1940, desempeñó el mandato también de Superiora Regional para Italia.

El camino de Sor Pierina, del cual nos ofrecen testimonio también sus manuscritos, se puede comprender plenamente a la luz de su particular devoción por el DivinoCristo Madre PierinaRostro de Jesús que, siendo apenas adolescente, la beata ya advirtió y divulgó diligentemente. De hecho, este singular culto del Señor fue para Pierina fuente de consuelo en los sufrimientos, ocasión de ofrendas reparadoras, invitación a la oración y a la contemplación, y estímulo asiduo de santidad. En el Rostro humano y divino del Redentor halló las señales de un inconmensurable amor hacia la humanidad pecadora y, con férvido espíritu de compasión, deseó compartir el interés por la salvación.

“Alla luce del tuo Volto”