Ilumina Domine
Vultum Tuum
super nos
Mane Nobiscum
Domine
En mayo de 1938, mientras la Madre Pierina rezaba en la capilla, se le presentó la misma Virgen María con un escapulario en sus manos, formado por dos franelas blancas unidas por un cordón. Una franela llevaba la imagen del Divino Rostro de Jesús y escrito alrededor: Ilumina Domine Vultum Tuum super nos; la otra, una Hostia circundada por unos rayos y con la inscripción: Mane nobiscum Domine.
El 9 de agosto de 1940, obtiene de la Curia de Milán el permiso para hacer acuñar la medalla. La Santísima Virgen le confirma que suple al escapulario, con las mismas promesas y gracias, recordándole que es necesario difundirla más.
La Virgen María dijo a la Madre Pierina:
“Este Escapulario, es un arma de defensa, un escudo de fortaleza, una prenda de amor y misericordia que Dios quiere dar en estos tiempos…”
Por eso, todos aquellos que lleven la medalla y visiten al Señor los días martes en la Eucaristía:
Serán fortalecidos en la fe y estarán prontos a defenderla.
Superarán todas las dificultades internas y externas.
Tendrán una muerte serena bajo la mirada amable de su Hijo.
En el año 1938, el mismo Jesús le manifiesta a la Madre Pierina el deseo de que su Rostro sea honrado con una fiesta, el martes anterior al Miércoles de Ceniza:
“He dado mi Corazón como objeto sensible de mi gran amor por los hombres y mi Rostro lo doy como objeto sensible de mi dolor por los pecados de los hombres y deseo que sea honrado con una fiesta particular el martes de quincuagésima, fiesta precedida por una novena en la cual todos los fieles unidos en la participación de mi dolor, reparen conmigo.”
La Beata pudo entregar personalmente una carta al Santo Padre en una audiencia privada, el 14 de mayo de 1943.
A continuación, compartimos una selección de los fragmentos más significativos, donde la Madre Pierina narra esta devoción y el pedido que el mismo Jesús le hizo:
"Tenía doce años cuando un Viernes Santo esperaba en mi Parroquia mi turno para besar el crucifijo, cuando una voz clara me dijo: –¿Nadie me da un beso de amor en el Rostro para reparar el beso de Judas? –En mi inocencia de niña creí que todos habían escuchado la voz, y sentía pena al ver que la gente continuaba besando las llagas y ninguno pensaba en besarlo en el Rostro. –Te doy yo, Jesús, el beso de amor, ten paciencia, –y llegado el momento, le estampé un fuerte beso en la cara con todo el ardor de mi corazón".
"En la noche del Jueves al Viernes Santo de 1915 mientras rezaba ante el crucifijo en la Capilla de mi Noviciado, sentí que me decían: –Bésame. –Lo hice, y mis labios en vez de posarse sobre un rostro de yeso, sintieron el contacto con Jesús; ¿qué pasó?, me es imposible decirlo. … Sentía el corazón lleno de las penas y deseos de Jesús, deseaba reparar las ofensas que recibió su Santísimo Rostro en la pasión y las que recibe en el Santísimo Sacramento".
En 1920, el 12 de abril, me encontraba en Buenos Aires en la Casa Madre. Tenía una gran amargura en el corazón. Fui a la Iglesia y prorrumpí en llanto lamentándome con Jesús. Se me presentó con el Rostro ensangrentado y con una expresión de dolor tal que conmovería a cualquiera. Con una ternura que jamás olvidaré me dijo: –Y yo ¿qué he hecho? – Comprendí... y a partir de ese día, el Divino Rostro se convirtió en mi libro de meditación, la puerta de entrada a su Corazón.
"En 1936, comenzó a expresarme el deseo de que su Divino Rostro fuese más honrado. En la adoración nocturna del primer viernes de cuaresma, después de haberme hecho partícipe de los dolores de su agonía espiritual en Getsemaní, con el Rostro velado por profunda tristeza me dice:
"El 31 de mayo de 1938, mientras oraba en la Capilla del Noviciado, se me presentó una hermosa señora: tenía en la mano un escapulario formado por dos pequeños trozos de franela blanca unidos por un cordón. Uno tenía la imagen del Divino Rostro; el otro, una hostia rodeada de rayos. Se acercó a mi lado y me dijo: –Escucha bien... Este escapulario es un arma de defensa, un escudo de fortaleza, una prenda de amor y de misericordia que Jesús quiere dar al mundo.Todos los que lleven un escapulario como éste y hagan, pudiendo hacerlo, cada martes una visita al Santísimo Sacramento para reparar los ultrajes que recibió el Santo Rostro, se verán fortificados en la fe, prontos a defenderla y a superar todas las dificultades internas y externas, y además tendrán una muerte serena bajo la amable mirada de mi Divino Hijo.”
"El 21 de noviembre de aquel mismo año 1938, en la adoración nocturna se me presentó Jesús con el Rostro sangrando y como exhausto de fuerzas, me dijo:
Tras obtener el permiso de la Curia el 9 de agosto de 1940 para acuñar la medalla, la Virgen confirmó su valor: