ORIGEN

«La profundización en el conocimiento de nuestro carisma nos hizo ver claramente que el mismo no puede ser exclusivo de un grupo de personas consagradas, sino que es dado para la Iglesia, en beneficio de todos y que, por lo tanto, debemos hacer que se transforme en vida no sólo en el seno de nuestra familia religiosa, sino también entre las personas que se sienten llamadas a abrazarlo». (Capítulo General de 1983)

Con esta convicción, a partir de 1989, van surgiendo, en las diferentes obras apostólicas, grupos estables de laicos que se reúnen periódicamente para formarse y acrecentar los lazos de pertenencia a la Congregación. Se denominan Centros, cuentan con una religiosa como Asesora.

El 27 de noviembre de 1992, la Hna. Leopolda Blasi, Superiora General, reunió en Buenos Aires a dichos Centros y funda oficialmente la rama laica.

Desde los comienzos del proyecto, se utilizó el término «Colaboradores» para designar a los miembros de esta rama. Como lo expresó la Superiora General, Hna. Nora Antonelli, en el año 2014, al cumplirse los 25 años del surgimiento del primer Centro, dicho término es bíblico. San Pablo escribe en la primera Carta a los Corintios: «Somos colaboradores de Dios» (1 Co 3,9). Por tanto, los Colaboradores FIC han sido llamados a vivir un carisma mariano para cooperar en la construcción del Reino, en el seno de la Iglesia, desde su vocación laical.

 

FORMACIÓN Y COMPROMISO

El compromiso de ser Colaborador F.I.C. implica una elección libre, inspirada y madurada progresivamente bajo la acción del Espíritu Santo. Quien desea vivir como laico la espiritualidad F.I.C., debe aceptar un programa adecuado de preparación, con una duración mínima de dos años, que ayude a comprobar la propia llamada.

Dicho programa comprende: vida de oración, recepción frecuente de los sacramentos, lectura y meditación de la Palabra de Dios, profundización de la doctrina cristiana, conocimiento y adhesión al carisma del Instituto, participación en las actividades propias del Centro.

Finalizada la preparación, se realiza el compromiso a través de una “Promesa personal”, que se irá renovando año tras año. Con esta Promesa se manifiesta la voluntad de vivir la opción bautismal de acuerdo con el específico carisma mariano.

 

ESTILO DE VIDA

Para ser fiel al carisma del Instituto, el Colaborador F.I.C. debe distinguirse por un estilo de vida que haga brillar en toda su grandeza a María, la Inmaculada. Este estilo, alimentado por una conciencia cada vez más plena de filiación mariana, se caracteriza por:

a) Poseer una devoción sólida y sincera al Espíritu divino, en unión con María, plasmada por el Espíritu Santo.

b) Contacto diario con la Palabra de Dios, imitando a María oyente de la Palabra.

c) Adhesión a la doctrina enseñada por el Magisterio de la Iglesia y disposición para testimoniarla en los distintos ambientes, junto a María, Madre de la Iglesia.

d) Acercamiento frecuente a los Sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía, tras las huellas de María, la llena de gracia.

e) Actitud mariana de acogida y donación hacia el prójimo, que prolongue la solicitud amorosa de María.

f) Sentido de pertenencia a la Congregación e identificación con el carisma, como verdaderos hijos de María Inmaculada.

Para poder vivir su compromiso, el Colaborador FIC pondrá su confianza en la gracia de Dios y en la protección materna de la Virgen María, uniéndose a las palabras de la Sierva de Dios, Madre Eufrasia Iaconis:

“… la Inmaculada me dará fuerza,
en Ella confío” .