Colegio La Inmaculada. Rosario, Argentina

LAS POSADAS

Las Posadas son celebraciones populares que se realizan en varios países, especialmente en México, durante nueve días antes de la Navidad, es decir del 16 al 24 de diciembre. Recuerdan el peregrinaje de María y José, desde su salida de Nazaret hasta Belén, donde buscan un lugar para alojarse y esperar el nacimiento de Jesús.

Cuando el 17 de diciembre de 2016 el grupo Misionero “Madre Eufrasia” de Rosario, arribó a Villa  Inmaculada, Monte Grande, las Hermanas Eleuteria, Liliana y Aparecida, nos estaban esperando junto a los niños, para preparar las posadas de la Navidad. Nuestros jóvenes se encargaron de vestir a los niños, de adornarlos con sus trajes típicos, y de buscar a Coca, una hermosa pony que vive en la casa, y que hace a su vez el papel del burrito que llevó a María. Durante el trayecto que se recorre, se reza una decena  del Santo Rosario, según el Misterio del día y se cantan villancicos. Los niños, vestidos como San José y la Virgen María, junto a pastores y angelitos, se quedan afuera de la Capilla y con cantos piden posada, mientras que los que se encuentran dentro de la misma les responden que no hay lugar, hasta que oyen estos versos:

Entren Santos Peregrinos, Peregrinos,
reciban este rincón,
que aunque es pobre la morada, la morada,
os la doy de corazón.

Cantemos con alegría, alegría
todos al considerar,
Que Jesús, José y María y María
Nos vinieron hoy a honrar.

En ese momento ingresan todos a la Capilla: los misioneros, los niños del barrio, sus familias, las Hermanas y los adultos que acompañan. Allí rezamos y damos gracias junto al Pesebre. Para finalizar se entonan villancicos y se le entregan  a los niños unos dulces.


MISIÓN EN EL BARRIO LAS CHACRITAS

Misionar es llevar la Palabra de Dios a todos y a todas parteses ponerse al servicio del otro, es poner el corazón y el oído, es recibir abrazos enormes, puertas abiertas, sonrisas gigantes, y sentir, todo el tiempo, “que uno no es el que está dando, sino el que recibe”.

Misionar bajo una lluvia torrencial, nos mostró la pobreza material más absoluta de la gente del barrio Las Chacritas, sin agua potable, sin calles asfaltadas, sin accesos a una vivienda más digna, sin movilidad, sin la asistencia del  Estado. Pero nos mostró también la solidaridad del que poco tiene, para con aquel que nada posee en comparación.  Nos abrieron las puertas de sus casas, nos recibieron con alegría, rezamos juntos, adoramos  al Niño Dios que llevábamos. Nos agradecían  inmensamente el que fuéramos a visitarlos, a llevar la Palabra de un Cristo vivo y presente entre nosotros, juguetes para sus hijos, y  un poco de ayuda con los bolsones navideños y los almuerzos. Salían bajo la lluvia y el barro a nuestro encuentro, se colgaban de nuestros cuellos, nos colmaban de abrazos, nos convidaban con un mate caliente, se preocupaban si nuestros jóvenes sufrían el  frío o se mojaban.

Dios nos mostró las carencias que sufren y padecen a diario en su máxima expresión, pero sobre todo nos mostró la Fe de esta gente, de nuestra Gente, cuya espiritualidad y Amor a Jesús y a la Virgen María desborda en todo su ser. Nos mostró su solidaridad, primero en una familia del barrio que nos albergó (como aquella que ofreció su pesebre para María y José) y segundo en la familia de la Hermana Julieta,sus padres y  sus hermanos. Sin estas familias, todo este día de servicio y amor al otro no hubiese sido posible, pero las pruebas que el Señor nos pone siempre son sorteadas desde la Fe y el Amor al Prójimo.

Fuimos instrumentos de la ternura y la misericordia de Dios Padre, a ejemplo de nuestra querida Madre Eufrasia, con ella decimos: “Damos gracias a Dios por tanto bien que nos prodiga”.


VISITA A LAS FAMILIAS

Junto a la Hna. Aparecida y a la Hna. Liliana, misionamos por el barrio cercano al merendero Madre Eufrasia. Visitamos las familias. Fue una gracia el poder acercarnos, ya que ellos con alegría nos esperaban y abrieron sus casas de par en par, nos recibieron en sus hogares y rezaban con fe y amor al Niño Dios que los visitaba.

Nos emocionamos todos con su dolor, con su soledad, con sus carencias, y nos hicimos uno en todas sus intenciones para esta Navidad.

PESEBRE VIVIENTE

Despedirse no es irse, ni olvidar. Despedirse, es emprender un viaje de regreso llevando todo lo aprendido, y todo lo recibido. Despedirse es la esperanza firme de cumplir la promesa que hicimos: vamos a volver, porque Dios y la Virgen María así lo quieren y así nos piden que lo hagamos. Despedirse es agradecerle al Señor, por habernos permitido participar de esta maravillosa experiencia que fue La Misión Navideña a Monte Grande.

El último día de nuestra estadía en Villa Inmaculada, recibimos a los niños del merendero junto a sus familias. Las habíamos invitado a compartir la tarde mientras misionábamos por las casas del barrio. Los chicos, los grandes, las Hermanas… todos disfrutamos de una tarde maravillosa, de juegos, risas, color y canciones, todo bajo el manto de María Inmaculada. Culminamos la jornada en la Capilla, con la representación del Pesebre viviente que realizaron e idearon nuestros Misioneros de Rosario, para terminar el día con regalos para todos los niños, antes de regresar a casa y ofrecerles jugo fresco y alfajores.

Damos gracias a Dios por habernos permitido vivir esta experiencia y les agradecemos a la Hna. Eleuteria, Hna. Aparecida y Hna. Liliana por habernos ayudado a llevar adelante esta misión y a todas las familias que nos acogieron con un gran amor. Pedimos a la Virgen su protección y amparo, como la Madre Eufrasia, que todo lo esperaba por intercesión de María Inmaculada.


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